El clero y los feligreses ven bendiciones después fuego de Pascua de Nuestra Señora del Rosario de Pompeya.
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Aún permanece cerrada la iglesia “Nuestra Señora del Rosario de Pompeya” en Williamsburg, transcurridas ya tres semanas desde el terrible incendio ocurrido, el 31 de marzo, domingo de Pascua, durante la celebración en español de la Santa Misa, oficiada por su vicario, el padre Rómulo Marín.
Aproximadamente a la 1:50 PM y con la asistencia de mas de 150 personas, el padre Marín fue alertado del peligro por los feligreses en los bancos, a la vez que de forma notoria un acre y denso humo ya empezaba a llenar el Santuario.

Reaccionando con rapidez abrió la puerta detrás de él, acceso al centro parroquial, la sacristía y casa rectoral, para presenciar un violento fuego devorando el segundo piso, sufriendo leves quemaduras al intentar apagarlo con un extintor. Al percibir como el suelo temblaba retrocedió sin perder su presencia de ánimo, al mismo tiempo que el segundo piso se colapsaba y, con decisión y firmeza, cerró de nuevo la puerta, impidiendo así que el fuego se propagara al recinto sagrado.
Junto al padre estaba Mariluz Cruz, secretaria de la iglesia, quien acudió con él dispuesta a ayudar, sufriendo también quemaduras leves.
Lisa Torres, su hija, rememora con llanto el fuerte abrazo que le dio a su madre, ya fuera de peligro, afirmando que “la iglesia es como un imán que atrae a adolescentes y jóvenes, salvándoles de ser victimas del crimen en las calles”.
¡Salgan todos! ¡Fuera todo el mundo! ¡Fuera todos!, gritaba el sacerdote, ordenando la total evacuación de la iglesia.
Numerosos feligreses de la parroquia creen que “fue un milagro que no se hayan perdido vidas”; otros afirman que “tal vez Dios estaba allí protegiendo a la gente”.
El incendio fue declarado cinco alarmas por el “FDNY”, lo que provocó la presencia de mas de 200 hombres y mujeres del Departamento de Bomberos de la ciudad de Nueva York, quienes, de forma brava, lucharon incansablemente 4 interminables horas hasta conseguir extinguirlo.
Sin duda este hecho hubiera podido resultar una terrible tragedia, pero se saldó con solo 6 heridos de levedad; entre ellos 3 bomberos, dos de los cuales fueron enviados al hospital y el tercero se reintegró a la extinción del incendio después de ser atendido por el personal medico presente en el lugar.

Con profunda humildad el padre Marín declaro, una vez el incendio estuvo bajo control, “No soy un héroe. Hice lo que se suponía que debía hacer”, afirmando “Creo que a veces Dios destruye lo viejo para dar paso a lo nuevo. Mi esperanza es que esta iglesia regrese aún más fuerte”.
Acorde con las declaraciones del pastor de la iglesia, el padre Vicenzo Cardilicchia, el centro parroquial, la sacristía y casa rectoral han de ser demolidos, pero el Santuario permanece a salvo con solo algunos daños producidos por el humo y el agua.
Ya han comenzado los trabajos de limpieza y reducción del amianto, pero aún no es posible el uso de la iglesia, por razones de seguridad. El padre Vicenzo esta convencido que esta calamidad ha fortalecido la determinación de la parroquia de seguir siendo un faro para el barrio, “estamos muy agradecidos y esperanzados de que el señor hará algo más mayor, no solo en cuanto al edificio, sino también para nuestra comunidad”.

Las investigaciones del Departamento de Bomberos han llegado a la conclusión de que fue “un objeto con brasas calientes” la causa, dictaminando el incendio accidental.
Los calices han sido recuperados, no así los registros de la iglesia, que se remontan a 1902, lo que constituye una importante preocupación.
Con júbilo y alegres los feligreses de “Our Lady of the Rosary of Pompeii” pueden seguir orando en la parroquia hermana “All Saints Church”, en Williamsburg, lugar donde se seguirán celebrando las misas dominicales, como el pasado domingo 7 de abril, oficiada por el obispo de Brooklyn, Robert J. Brennan, quien durante su homilía dijo que, “las bendiciones tras el incendio son ejemplos de la misericordia de Dios”.
Al igual que Salvador González, muchos de los feligreses han asistido a esta iglesia toda su vida. Su lealtad y fe es inexorable, y más ahora en este difícil momento.
En verdad, así sea. Amén.
